Anomalisa (Charlie Kauffman/Duke Johnson, 2015)
Reconozco que, en cuanto a cine y otras artes me sitúo en un punto medio. Si son demasiado "artísticas" o "raras" no me suelen gustar, más que nada porque no suelo entenderlas. Será que he tenido una educación cultural convencional. Si son demasiado comerciales, me aburren e incluso me suelen irritar. Por eso, me sitúo en lo que llamo "comercialidad de calidad" o "independencia más convencional". Vamos, en el punto medio.
Todo este rollo para decir que Charlie Kauffman me da reparo a priori. Me parece que va a ser demasiado complicado para mi. Lo que dice más de mis prejuicios que del propio Kauffman. Porque su última película "Anomalisa" que dirige con Duke Johnson puede ser cualquier cosa (triste, melancólica, catártica...) menos rara.
De hecho, me pareció incluso "demasiado" normal y unido a su corta duración, 90 minutos, me supo a poco. Otra supuesta obra de arte que no me lo parece tanto. El protagonista es un hombre con el topicazo de denominación "crisis de la mediana edad". Viaja mucho, está mal en casa, se aburre con su vida, cree que un nuevo amor le va a salvar de una existencia anodina. La curiosidad es que esta historia está encarnada por personajes de animación en stop motion. El film juega con el contraste de lo difícil que es ver una película de animación de "temas adultos" (coito incluido) Puede ser curioso, original, pero no ha de convertir automáticamente la película en una obra maestra.
De hecho, este punto a favor se puede volver en contra si nos damos cuenta de que esta película, con actores de carne y hueso, hubiera tratado una temática mil veces vista y con un enfoque no especialmente innovador. Sí que el autor juega con las voces de una forma que no voy a explicar por no hacer "spoiler" que a mi me pareció mucho más original que el hecho de que sea una película animada.
Kauffman no hace concesiones con su personaje al que retrata de una forma bastante patética (como efectivamente, es) Alguien que está enamorado del amor y lo proyecta sobre la persona que se le pone a tiro. Podría ser esa persona como cualquier otra que se hubiera cruzado en su camino. Lo importante son las ganas de querer de la forma más egoísta posible.
Se hace amena, tiene puntos interesantes, pero no es la hostia.
miércoles, 9 de marzo de 2016
miércoles, 24 de febrero de 2016
Pixar: corto es bueno
Inside Out/Del Revés (Pete Docter/Ronnie del Carmen)
Yo entiendo que traducir Inside Out (algo así como "desde dentro hacia afuera") es complicado pero haber llamado a esta película "Del Revés" no ha sido muy afortunado. Porque es el quid de todo este delicioso film de animación de la Factoría Pixar.
Después de este prólogo sobre la torpeza de los señores que traducen los nombres de las películas (me da la sensación de que su trabajo lo realizan hasta arriba de alcohol y sustancias estupefacientes; cuando están sobrios, dejan el título original en inglés) vayamos a lo importante: Inside Out es muy buena pero te deja con ganas de más.
La mayor parte de la culpa la tiene la industria de Hollywood que se empeña en convertir las películas en churros de más de dos horas y media como diciendo "ya que te vamos a clavar 10 euros por la entrada, vas a estar mogollón de rato sentado para que te convenzas de que eso lo justifica todo". Como perros de Paulov, hemos caído en la trampa. Y si te ponen una película de hora y media justica como es este caso una parte de tu cerebro dice "¡eh!, ¿Y la otra hora que falta?"
Pero es precisamente esa concisión una de las ventajas de Inside Out (y, por extensión, de los films marca Pixar). Te cuenta lo que te quiere contar sin rodeos ni giros innecesarios. Es una historia entretenida, directa y pasas un buen rato. Como contrapartida, la historia puede ser para el espectador adulto demasiado sencilla a veces.
Unos extraños "seres" controlan nuestro cerebro (son nuestras emociones: miedo, alegría, tristeza, enfado...) Dependiendo de quién esté al mando de la "consola" nuestro estado de ánimo es uno u otro. El cambio de residencia de una niña pre-adolescente, sus reacciones ante su nueva casa y colegio... son la excusa para darnos a conocer este particular funcionamiento de nuestro cerebro. Y lo bueno es que lo explica de una manera en que tiene perfecto sentido. Es como una clase de neurología (con todas las licencias del mundo, claro) de nivel usuario.
Han pasado muchos años desde Toy Story, el primer largo Pixar. De esa primera a esta última, son piezas de artesanía en las que se advierte mucho trabajo y cariño; incorporando los progresivos adelantos tecnológicos. Tratan temas "globales" y siempre lo clavan: Up (la vejez), Toy Story (la particular relación de los niños con sus juguetes), Los Increíbles (el mundo de los superhéroes)...
Siempre es un placer relajarse, olvidarse de todo y pasar un rato de lo más entretenido con una película Pixar. E Inside Out hace honor a su estirpe.
Yo entiendo que traducir Inside Out (algo así como "desde dentro hacia afuera") es complicado pero haber llamado a esta película "Del Revés" no ha sido muy afortunado. Porque es el quid de todo este delicioso film de animación de la Factoría Pixar.
Después de este prólogo sobre la torpeza de los señores que traducen los nombres de las películas (me da la sensación de que su trabajo lo realizan hasta arriba de alcohol y sustancias estupefacientes; cuando están sobrios, dejan el título original en inglés) vayamos a lo importante: Inside Out es muy buena pero te deja con ganas de más.
La mayor parte de la culpa la tiene la industria de Hollywood que se empeña en convertir las películas en churros de más de dos horas y media como diciendo "ya que te vamos a clavar 10 euros por la entrada, vas a estar mogollón de rato sentado para que te convenzas de que eso lo justifica todo". Como perros de Paulov, hemos caído en la trampa. Y si te ponen una película de hora y media justica como es este caso una parte de tu cerebro dice "¡eh!, ¿Y la otra hora que falta?"
Pero es precisamente esa concisión una de las ventajas de Inside Out (y, por extensión, de los films marca Pixar). Te cuenta lo que te quiere contar sin rodeos ni giros innecesarios. Es una historia entretenida, directa y pasas un buen rato. Como contrapartida, la historia puede ser para el espectador adulto demasiado sencilla a veces.
Unos extraños "seres" controlan nuestro cerebro (son nuestras emociones: miedo, alegría, tristeza, enfado...) Dependiendo de quién esté al mando de la "consola" nuestro estado de ánimo es uno u otro. El cambio de residencia de una niña pre-adolescente, sus reacciones ante su nueva casa y colegio... son la excusa para darnos a conocer este particular funcionamiento de nuestro cerebro. Y lo bueno es que lo explica de una manera en que tiene perfecto sentido. Es como una clase de neurología (con todas las licencias del mundo, claro) de nivel usuario.
Han pasado muchos años desde Toy Story, el primer largo Pixar. De esa primera a esta última, son piezas de artesanía en las que se advierte mucho trabajo y cariño; incorporando los progresivos adelantos tecnológicos. Tratan temas "globales" y siempre lo clavan: Up (la vejez), Toy Story (la particular relación de los niños con sus juguetes), Los Increíbles (el mundo de los superhéroes)...
Siempre es un placer relajarse, olvidarse de todo y pasar un rato de lo más entretenido con una película Pixar. E Inside Out hace honor a su estirpe.
De esas que te enfadan
Gone Girl/Perdida (David Fincher, 2014)
Este Fincher es capaz de lo mejor y de lo peor. En este caso, se trata de lo segundo. Creía que no iba a tener huevos de hacer lo mismo de nuevo, pero en Gone Girl, David Fincher se ha cascado un bodrio tan irritantemente tramposo como The Game. De esas que te enfadas y tienes ganas de darle un puñetazo a la pared cuando acaba.
La historia es inverosímil y rocambolesca. Fuegos de artificio con la supuesta intención de mantener al espectador sin saber qué es cierto y qué es falso. Pero en cada nuevo giro pretendidamente sorprendente el guión se hunde más en la mierda porque tiene más agujeros que un queso de gruyer y ni el más crédulo se traga lo que está viendo. Y como este señor no sabe hacer películas cortas pues cuando la caga, el engendro se hace largo de cojones.
Ben Affleck, ese actor con forma de armario ropero, se pasea con cara de despistado por todo el metraje. Es un marido que un día llega a casa y comprueba que su mujer ha desaparecido. Pasa de atribulado cónyuge a principal sospechoso. A partir de ahí pasan trescientas cosas, cada una en sentido contrario de la anterior que en vez de un "ohhhhhhhhhh" de sorpresa produce más bien un "venga, no me jodas".
Una ida de perola
Este Fincher es capaz de lo mejor y de lo peor. En este caso, se trata de lo segundo. Creía que no iba a tener huevos de hacer lo mismo de nuevo, pero en Gone Girl, David Fincher se ha cascado un bodrio tan irritantemente tramposo como The Game. De esas que te enfadas y tienes ganas de darle un puñetazo a la pared cuando acaba.
La historia es inverosímil y rocambolesca. Fuegos de artificio con la supuesta intención de mantener al espectador sin saber qué es cierto y qué es falso. Pero en cada nuevo giro pretendidamente sorprendente el guión se hunde más en la mierda porque tiene más agujeros que un queso de gruyer y ni el más crédulo se traga lo que está viendo. Y como este señor no sabe hacer películas cortas pues cuando la caga, el engendro se hace largo de cojones.
Ben Affleck, ese actor con forma de armario ropero, se pasea con cara de despistado por todo el metraje. Es un marido que un día llega a casa y comprueba que su mujer ha desaparecido. Pasa de atribulado cónyuge a principal sospechoso. A partir de ahí pasan trescientas cosas, cada una en sentido contrario de la anterior que en vez de un "ohhhhhhhhhh" de sorpresa produce más bien un "venga, no me jodas".
Una ida de perola
viernes, 19 de febrero de 2016
Haciendo pasta con el SIDA
Dallas Buyers Club (Jean Marc Vallée, 2013)
Dallas Buyers Club no es una mala película. Pero tampoco es la hostia. Eso sí, es de las que les mola a los de los Óscar; historia de superación personal y eso. Por eso se llevó unos cuantos. Pero con menos pasta, había podido ser un telefilm de las 4 de la tarde.
Ron Woodroof es un machote que se las tira a todas, se mete lo que no está escrito por la tocha y va siempre medio borracho. Él supone que es por eso por lo que se encuentra mal de salud hasta que le dicen que tiene SIDA. Son los ochenta y es común la errónea creencia de que eso es solo cosa de gays. Por eso, al principio, no se lo cree cuando le dan un mes de vida.
Acostumbrado a buscarse la vida, no se resigna a seguir el tratamiento paliativo que le recetan prácticamente para que se deje morir y viaja a México a hacerse con medicamentos para el SIDA prohibidos en Estados Unidos. Ahí comienza un periplo por distintos países y contra las autoridades sanitarias para importar los medicamentos no solo para él sino para todo quisque que le quiera pagar.
Ahí está lo polémico de la propuesta. Lo venden poco menos que como un activista contra la rigidez de la administración respecto a la salud de las personas pero para mi, es un caradura que aún a las puertas de la muerte hace negocio y saca provecho de la desesperación de otros en su misma situación. En cambio, esto toma el aspecto de una hagiografía; en plan, qué buen samaritano.
Se puede ver su evolución personal, despreciado por sus antiguos colegas tan machotes como él y su progresiva "tolerancia" (que yo veo bastante forzosa; los tolera porque le pagan) con la comunidad gay, su principal clientela. Mathew McConaughey encarna al protagonista apuntándose a la moda de perder trescientos kilos para dar veracidad al personaje. La verdad es que da penica verlo, físicamente digo. No lo hace mal. Es un buen actor, y este tipo de papeles son agradecidos. Pero queda totalmente eclipsado por su "partenaire" Jared Leto, espectacular en la piel de un transexual, primero cliente y luego socia del primero. Su interpretación tiene una gran humanidad. En su amaneramiento no hay afectación y artificiosidad. Personaje y actor se funden perfectamente. Y ambos calan hondo en el espectador.
Así que, merece la pena ver el film especialmente para ver la interpretación de Leto y el tratamiento ya histórico de los inicios de la epidemia del SIDA en los 80 y lo perdidos que iban todos con la "nueva" enfermedad.
Dallas Buyers Club no es una mala película. Pero tampoco es la hostia. Eso sí, es de las que les mola a los de los Óscar; historia de superación personal y eso. Por eso se llevó unos cuantos. Pero con menos pasta, había podido ser un telefilm de las 4 de la tarde.
Ron Woodroof es un machote que se las tira a todas, se mete lo que no está escrito por la tocha y va siempre medio borracho. Él supone que es por eso por lo que se encuentra mal de salud hasta que le dicen que tiene SIDA. Son los ochenta y es común la errónea creencia de que eso es solo cosa de gays. Por eso, al principio, no se lo cree cuando le dan un mes de vida.
Acostumbrado a buscarse la vida, no se resigna a seguir el tratamiento paliativo que le recetan prácticamente para que se deje morir y viaja a México a hacerse con medicamentos para el SIDA prohibidos en Estados Unidos. Ahí comienza un periplo por distintos países y contra las autoridades sanitarias para importar los medicamentos no solo para él sino para todo quisque que le quiera pagar.
Ahí está lo polémico de la propuesta. Lo venden poco menos que como un activista contra la rigidez de la administración respecto a la salud de las personas pero para mi, es un caradura que aún a las puertas de la muerte hace negocio y saca provecho de la desesperación de otros en su misma situación. En cambio, esto toma el aspecto de una hagiografía; en plan, qué buen samaritano.
Se puede ver su evolución personal, despreciado por sus antiguos colegas tan machotes como él y su progresiva "tolerancia" (que yo veo bastante forzosa; los tolera porque le pagan) con la comunidad gay, su principal clientela. Mathew McConaughey encarna al protagonista apuntándose a la moda de perder trescientos kilos para dar veracidad al personaje. La verdad es que da penica verlo, físicamente digo. No lo hace mal. Es un buen actor, y este tipo de papeles son agradecidos. Pero queda totalmente eclipsado por su "partenaire" Jared Leto, espectacular en la piel de un transexual, primero cliente y luego socia del primero. Su interpretación tiene una gran humanidad. En su amaneramiento no hay afectación y artificiosidad. Personaje y actor se funden perfectamente. Y ambos calan hondo en el espectador.
Así que, merece la pena ver el film especialmente para ver la interpretación de Leto y el tratamiento ya histórico de los inicios de la epidemia del SIDA en los 80 y lo perdidos que iban todos con la "nueva" enfermedad.
viernes, 29 de enero de 2016
Verdugo y víctima
Chosen Temporada 1 (Ben Ketay/Ryan Lewis 2013)
Llaman a la puerta. Abres y no hay nadie. Pero, en el suelo, hay una caja de madera tallada. Miras a los lados por si hay alguien alejándose, la coges y te metes en casa. Cuando la abres, ves la foto de una persona con su nombre y una pistola cargada. Tienes que matarla. Pero como si no fuera suficiente, no solo te has convertido en verdugo sino que, a la vez, eres el objetivo de otra persona a la que le ha llegado otra caja igual con tu foto en el interior.
Es la interesante premisa de Chosen, de la que me he pulido los seis capítulos de la primera temporada de una sentada. Hay trampa. Cada episodio no dura más de 20 minutos (curioso, porque solo las sitcom -comedias de situación- tienen esa duración). Por lo tanto los plazos se aceleran y la acción se vuelve más trepidante que en cualquier otra serie cuyos episodios duren los típicos 40 a 50 minutos. Dicha primera temporada se basa en cómo este "juego" afecta al protagonista (Milo Ventimiglia), abogado defensor, y su familia.
Poco sabemos de los organizadores de este juego pero chirría un poco una quizá excesiva omnipotencia. Saben todo lo que sus jugadores están haciendo en cualquier momento y tienen colaboradores en todas partes dispuestos a actuar al instante incluso en los lugares más remotos. Aunque ese pequeño detalle no resta interés al conjunto.
Ya me estoy viendo la segunda temporada. Espero que no suponga un problema que esta familia que está huyendo de los creadores del "juego" comparta protagonismo con una nueva víctima-verdugo que entra en acción en una historia paralela. Eso, y soy de letras, da solo para invertir diez minutos de acción en cada línea de la historia. Y no sé si es suficiente.
Llaman a la puerta. Abres y no hay nadie. Pero, en el suelo, hay una caja de madera tallada. Miras a los lados por si hay alguien alejándose, la coges y te metes en casa. Cuando la abres, ves la foto de una persona con su nombre y una pistola cargada. Tienes que matarla. Pero como si no fuera suficiente, no solo te has convertido en verdugo sino que, a la vez, eres el objetivo de otra persona a la que le ha llegado otra caja igual con tu foto en el interior.
Es la interesante premisa de Chosen, de la que me he pulido los seis capítulos de la primera temporada de una sentada. Hay trampa. Cada episodio no dura más de 20 minutos (curioso, porque solo las sitcom -comedias de situación- tienen esa duración). Por lo tanto los plazos se aceleran y la acción se vuelve más trepidante que en cualquier otra serie cuyos episodios duren los típicos 40 a 50 minutos. Dicha primera temporada se basa en cómo este "juego" afecta al protagonista (Milo Ventimiglia), abogado defensor, y su familia.
Poco sabemos de los organizadores de este juego pero chirría un poco una quizá excesiva omnipotencia. Saben todo lo que sus jugadores están haciendo en cualquier momento y tienen colaboradores en todas partes dispuestos a actuar al instante incluso en los lugares más remotos. Aunque ese pequeño detalle no resta interés al conjunto.
Ya me estoy viendo la segunda temporada. Espero que no suponga un problema que esta familia que está huyendo de los creadores del "juego" comparta protagonismo con una nueva víctima-verdugo que entra en acción en una historia paralela. Eso, y soy de letras, da solo para invertir diez minutos de acción en cada línea de la historia. Y no sé si es suficiente.
jueves, 28 de enero de 2016
Distopía in the USA
The Man in the High Castle (Frank Spotnitz, 2015)
Si hay algo que me ponga tanto como los territorios pos-apocalípticos son los pasados distópicos. Aquellos que distorsionan nuestro hechos históricos. Y uno de esos futuros inquietantes nos propone The Man in the High Castle. ¿Qué pasaría si Alemania y Japón hubieran ganado la II Guerra Mundial? Pues que según la premisa de esta serie, se hubieran repartido los Estados Unidos en dos (El Gran Reich alemán en el este y los Pacific States japoneses en el oeste)
El hilo conductor de esta primera temporada son unas extrañas películas cinematográficas que se disputan las autoridades alemanas, las japonesas, la Resistencia y algunos otros, como la mafia japonesa (Yakuza) que venden sus servicios al mejor postor; y todos aquellos personajes que se ven envueltos, voluntaria o involuntariamente, en los cambios de manos que sufren las mismas: ciudadanos norteamericanos que viven en un país ocupado por extranjeros, los nuevos habitantes procedentes de la metrópoli que tiene status superior, agentes dobles, temibles policías secretos, altos cargos políticos y militares...
La serie es entretenida (sin ser la hostia) y la ambientación está muy lograda (son los años 60) Sigue fallándome en este tipo de pelis y series de espías lo fácil que se escapan los protagonistas de calabozos inexpugnables, trampas mortales (mientras otros caen como moscas alrededor) o entran y salen de los cuarteles generales enemigos como quien va a comprar al super. Algunas subtramas desvían la atención y no las considero necesarias y hay momentos en el que la intensidad baja y como no estés muy atento, puedes correr el riesgo de buscar dónde tienes la táblet para echar un par de partidas al apalabrados mientras ves la tele.
Aún así, plantea premisas impactantes como la normalización en esa sociedad nazi de la "eutanasia activa" de aquellos que padecen cualquier tipo de enfermedad, la total ausencia de judíos en Norteamericana o la "curiosidad" de ver a los blancos en puestos de trabajo inferiores en la sociedad nipona del oeste de los USA. Todo un ejercicio mental producto del ¿qué hubiera pasado si...?
La serie está basada en un libro de Philip K. Dick, famoso escritor de ciencia ficción con una inmensa obra entre la que se encuentran libros como el que utilizó Ridley Scott para filmar Blade Runner (curiosamente, mucho mejor la película que el libro, he de decir)
A ver cómo está la segunda temporada. La primera ha dejado muchas preguntas en el aire.
Si hay algo que me ponga tanto como los territorios pos-apocalípticos son los pasados distópicos. Aquellos que distorsionan nuestro hechos históricos. Y uno de esos futuros inquietantes nos propone The Man in the High Castle. ¿Qué pasaría si Alemania y Japón hubieran ganado la II Guerra Mundial? Pues que según la premisa de esta serie, se hubieran repartido los Estados Unidos en dos (El Gran Reich alemán en el este y los Pacific States japoneses en el oeste)
El hilo conductor de esta primera temporada son unas extrañas películas cinematográficas que se disputan las autoridades alemanas, las japonesas, la Resistencia y algunos otros, como la mafia japonesa (Yakuza) que venden sus servicios al mejor postor; y todos aquellos personajes que se ven envueltos, voluntaria o involuntariamente, en los cambios de manos que sufren las mismas: ciudadanos norteamericanos que viven en un país ocupado por extranjeros, los nuevos habitantes procedentes de la metrópoli que tiene status superior, agentes dobles, temibles policías secretos, altos cargos políticos y militares...
La serie es entretenida (sin ser la hostia) y la ambientación está muy lograda (son los años 60) Sigue fallándome en este tipo de pelis y series de espías lo fácil que se escapan los protagonistas de calabozos inexpugnables, trampas mortales (mientras otros caen como moscas alrededor) o entran y salen de los cuarteles generales enemigos como quien va a comprar al super. Algunas subtramas desvían la atención y no las considero necesarias y hay momentos en el que la intensidad baja y como no estés muy atento, puedes correr el riesgo de buscar dónde tienes la táblet para echar un par de partidas al apalabrados mientras ves la tele.
Aún así, plantea premisas impactantes como la normalización en esa sociedad nazi de la "eutanasia activa" de aquellos que padecen cualquier tipo de enfermedad, la total ausencia de judíos en Norteamericana o la "curiosidad" de ver a los blancos en puestos de trabajo inferiores en la sociedad nipona del oeste de los USA. Todo un ejercicio mental producto del ¿qué hubiera pasado si...?
La serie está basada en un libro de Philip K. Dick, famoso escritor de ciencia ficción con una inmensa obra entre la que se encuentran libros como el que utilizó Ridley Scott para filmar Blade Runner (curiosamente, mucho mejor la película que el libro, he de decir)
A ver cómo está la segunda temporada. La primera ha dejado muchas preguntas en el aire.
miércoles, 20 de enero de 2016
Ágata Tarantino
Los odiosos 8 / The Hateful 8 (Quentin Tarantino, 2015)
Tarantino es Tarantino. Perogrullo. Es lo que le pasa a los cineastas (y extrapolaría a los artistas en general) con "estilo propio"; que es reconocible en cualquier contexto. Y da igual si se trata de ladrones (Reservoir Dogs), de la II Guerra Mundial (Inglorious Bastards), el Oeste (Django Unchained), Artes Marciales (Kill Bill 1 & 2) Hasta Jackie Brown, que creo que es la única que no escribió él además de dirigirla, se la llevó a su terreno. Por eso, a los que les gusta dirán que es un "autor" con rasgos personales y a los que no les gusta, que se repite haciendo siempre la misma película una y otra vez.
Una película de Tarantino se caracteriza por mucho taco y violencia explícita (ahí ya me ha ganado). Los personajes hablan todo el rato, como si se hubieran metido cuarenta rayas de speed y lo hacen de cosas sin sustancia (small talk, que dicen los anglosajones) lo que nos acerca a su cotidianeidad y ayuda a que conozcamos mejor a sus personajes. Es extremadamente descriptivo y rueda al detalle escenas que la gran mayoría de directores se cargarían con una elipsis fuera de cuadro.
El director es extremadamente cruel con sus personajes. No tiene piedad. Si se los tiene que cargar se los carga. Eso hace que se vaya a tomar por culo la comodidad del espectador (con su razonamiento: "este personaje es el protagonista bueno así que seguro que sobrevive"). Eso hace, que en sus películas haya tantos protagonistas que resultan victoriosos como los que se van al infierno. Porque en las pelis de Tarantino, hasta los buenos se van al puto infierno.
Su última película, también un Western, tiene esos trazos característicos pero está enriquecida con algo más. Durante buena parte del metraje tenemos nada más ni nada menos que una historia digna de Ágata Christie. Ocho personajes encerrados en una cabaña en medio de una tempestad y en plenas montañas de Wyoming. Y no sabes si van o si vienen, quiénes son buenos y quiénes son malos. Tarantino mantiene la tensión y la duda porque es el puto amo en eso. Por otro lado, este film se podría convertir perfectamente en una obra de teatro debido a la existencia de un único escenario. Simplemente, habría que eliminar algunos flash backs descriptivos de la película. Y, ojo, con una buena parte sin un tiro ni una sangonera que le debió salir al tío un sarpullido con tanta contención (eso sí, cuando se lía, se lía parda)
Sin ser su mejor obra, el tipo es que es muy bueno. Se vuelven a pasar volando las casi tres horas del metraje (Tarantino las pasaría canutas si tuviera que rodar un corto) Ayuda, como no, el reparto. Vuelve a unir en una superproducción a actores fetiche (como Samuel L. Jackson y Michael Madsen) con antiguas estrellas en horas menos afortunadas (lo hizo por ejemplo con David Carradine en Kill Bill y Robert Forster y Pam Grier, en Jackie Brown; aquí lo hace ahora con Jennifer Jason Leigh e incluso diría yo que con Kurt Russell) sin olvidar estrellas "en el candelabro" (Channing Tatum) e incorporaciones más o menos "exóticas" (en este caso es excelente actor mexicano Demián Bichir y un intérprete en alza que viene de la televisión y con el que ya contó en su última pieza, Django Desencadenado. Se trata de Walton Goggins)
Tarantino es Tarantino. Perogrullo. Es lo que le pasa a los cineastas (y extrapolaría a los artistas en general) con "estilo propio"; que es reconocible en cualquier contexto. Y da igual si se trata de ladrones (Reservoir Dogs), de la II Guerra Mundial (Inglorious Bastards), el Oeste (Django Unchained), Artes Marciales (Kill Bill 1 & 2) Hasta Jackie Brown, que creo que es la única que no escribió él además de dirigirla, se la llevó a su terreno. Por eso, a los que les gusta dirán que es un "autor" con rasgos personales y a los que no les gusta, que se repite haciendo siempre la misma película una y otra vez.
Una película de Tarantino se caracteriza por mucho taco y violencia explícita (ahí ya me ha ganado). Los personajes hablan todo el rato, como si se hubieran metido cuarenta rayas de speed y lo hacen de cosas sin sustancia (small talk, que dicen los anglosajones) lo que nos acerca a su cotidianeidad y ayuda a que conozcamos mejor a sus personajes. Es extremadamente descriptivo y rueda al detalle escenas que la gran mayoría de directores se cargarían con una elipsis fuera de cuadro.
El director es extremadamente cruel con sus personajes. No tiene piedad. Si se los tiene que cargar se los carga. Eso hace que se vaya a tomar por culo la comodidad del espectador (con su razonamiento: "este personaje es el protagonista bueno así que seguro que sobrevive"). Eso hace, que en sus películas haya tantos protagonistas que resultan victoriosos como los que se van al infierno. Porque en las pelis de Tarantino, hasta los buenos se van al puto infierno.
Su última película, también un Western, tiene esos trazos característicos pero está enriquecida con algo más. Durante buena parte del metraje tenemos nada más ni nada menos que una historia digna de Ágata Christie. Ocho personajes encerrados en una cabaña en medio de una tempestad y en plenas montañas de Wyoming. Y no sabes si van o si vienen, quiénes son buenos y quiénes son malos. Tarantino mantiene la tensión y la duda porque es el puto amo en eso. Por otro lado, este film se podría convertir perfectamente en una obra de teatro debido a la existencia de un único escenario. Simplemente, habría que eliminar algunos flash backs descriptivos de la película. Y, ojo, con una buena parte sin un tiro ni una sangonera que le debió salir al tío un sarpullido con tanta contención (eso sí, cuando se lía, se lía parda)
Sin ser su mejor obra, el tipo es que es muy bueno. Se vuelven a pasar volando las casi tres horas del metraje (Tarantino las pasaría canutas si tuviera que rodar un corto) Ayuda, como no, el reparto. Vuelve a unir en una superproducción a actores fetiche (como Samuel L. Jackson y Michael Madsen) con antiguas estrellas en horas menos afortunadas (lo hizo por ejemplo con David Carradine en Kill Bill y Robert Forster y Pam Grier, en Jackie Brown; aquí lo hace ahora con Jennifer Jason Leigh e incluso diría yo que con Kurt Russell) sin olvidar estrellas "en el candelabro" (Channing Tatum) e incorporaciones más o menos "exóticas" (en este caso es excelente actor mexicano Demián Bichir y un intérprete en alza que viene de la televisión y con el que ya contó en su última pieza, Django Desencadenado. Se trata de Walton Goggins)
viernes, 15 de enero de 2016
Refroteo y Hostias como panes
Banshee (Temporada 1)
Cuando acaba un episodio de la serie Banshee, estás cachondo perdido y con ganas de partirle la cara a alguien. Ni más ni menos. No es una serie de arte y ensayo. Busca subir el nivel de adrenalina en el espectador. Y lo consigue. Aunque a veces se pasa de frenada.
Un ex convicto (de los que anda con los brazos anchos a lo Hombres Mujeres y Viceversa y mira siempre de reojo, como enfadado) sale tras quince años y llega al pueblo en busca su compañera de fechorías y ex pareja, que ha rehecho su vida. Suplanta la identidad del nuevo sheriff (como si nada, también hay que decirlo) Y ya la tenemos liada con 10 episodios de polvos de esos de agarrarse fuerte a la cabecera la cama y hostias como panes. No busquéis ni pies ni cabeza porque en la vida real al cabo de tres minutos ya han comprobado que es un impostor. Simplemente, relajaos y disfrutad del espectáculo.
Tenemos mafiosos rusos, mafiosos amish (sí, lo que oís, los de "Único Testigo" aunque después de Amish Mafia, aquel reality psicotrónico, tampoco me sorprende nada), tenemos mafiosos indios con sus casinos en su reserva, tenemos buenorros que se están dando de palos a un rato sí y al otro también; tenemos jamelgas seductoras...que se están dando de palos a un rato sí y al otro también (en aras de la igualdad, ahora las mujeres también te cruzan la cara), asesinatos tan cotidianos como el ir a comprar el pan (y con la misma indiferencia), tráfico de droga, robos, extorsión... El tema que esto no pasa en Nueva York o Los Ángeles, sino en un pueblo pequeño de Pennsylvania en el que se supone que todos conocen a todos y llevan en secreto tanta maldad pues que no debe ser fácil, oiga.
Con estos mimbres, ¿de verdad era necesario meter subtramas en distintos episodios como el ataque de unos moteros o la toma de rehenes en un colegio, que nada tienen que ver con la historia principal? Coño, que está el protagonista robando en un museo y al acabar tiene que resolver una situación con rehenes. Si luego tiene que cohabitar, le va a dar un algo al pobre.
Creo que se podrían haber ahorrado estas historias secundarias. Esto es como las ensaladas que me hago yo, que para comerme el verde le meto tantas historias que al final ya me he olvidado que eso que me estoy comiendo es una ensalada. Ese es el fallo principal. Quieren meterle tanta acción y suspense; quieren que pasen tantas cosas, que te aturullan. Y, oye, que esta serie debe ser de encefalograma plano y venga mamporro y folleteo, que no estamos para que nos mareen la cabeza.
Otro error, este menor, es que para haber tanta pelea las coreografías pecan a veces de demasiado artificiales. Y si la serie es de hostia va y hostia viene, pues al final se acaba notando. Además, se pasan tanto rato en cada pelea que te puedes ir a echar una meada y cuando vuelves aún se están hostiando. Nunca pensé que iba a gritar a la tele: "Pero, hablad un poco, por favor. Comunicaos. La violencia no es la solución".
En general, es una serie muy entretenida sin más con algunas sorpresas agradables como el buen actor danés Ulrich Thomsen (de esos que saben actuar, que también va bien)
Cuando acaba un episodio de la serie Banshee, estás cachondo perdido y con ganas de partirle la cara a alguien. Ni más ni menos. No es una serie de arte y ensayo. Busca subir el nivel de adrenalina en el espectador. Y lo consigue. Aunque a veces se pasa de frenada.
Un ex convicto (de los que anda con los brazos anchos a lo Hombres Mujeres y Viceversa y mira siempre de reojo, como enfadado) sale tras quince años y llega al pueblo en busca su compañera de fechorías y ex pareja, que ha rehecho su vida. Suplanta la identidad del nuevo sheriff (como si nada, también hay que decirlo) Y ya la tenemos liada con 10 episodios de polvos de esos de agarrarse fuerte a la cabecera la cama y hostias como panes. No busquéis ni pies ni cabeza porque en la vida real al cabo de tres minutos ya han comprobado que es un impostor. Simplemente, relajaos y disfrutad del espectáculo.
Tenemos mafiosos rusos, mafiosos amish (sí, lo que oís, los de "Único Testigo" aunque después de Amish Mafia, aquel reality psicotrónico, tampoco me sorprende nada), tenemos mafiosos indios con sus casinos en su reserva, tenemos buenorros que se están dando de palos a un rato sí y al otro también; tenemos jamelgas seductoras...que se están dando de palos a un rato sí y al otro también (en aras de la igualdad, ahora las mujeres también te cruzan la cara), asesinatos tan cotidianos como el ir a comprar el pan (y con la misma indiferencia), tráfico de droga, robos, extorsión... El tema que esto no pasa en Nueva York o Los Ángeles, sino en un pueblo pequeño de Pennsylvania en el que se supone que todos conocen a todos y llevan en secreto tanta maldad pues que no debe ser fácil, oiga.
Con estos mimbres, ¿de verdad era necesario meter subtramas en distintos episodios como el ataque de unos moteros o la toma de rehenes en un colegio, que nada tienen que ver con la historia principal? Coño, que está el protagonista robando en un museo y al acabar tiene que resolver una situación con rehenes. Si luego tiene que cohabitar, le va a dar un algo al pobre.
Creo que se podrían haber ahorrado estas historias secundarias. Esto es como las ensaladas que me hago yo, que para comerme el verde le meto tantas historias que al final ya me he olvidado que eso que me estoy comiendo es una ensalada. Ese es el fallo principal. Quieren meterle tanta acción y suspense; quieren que pasen tantas cosas, que te aturullan. Y, oye, que esta serie debe ser de encefalograma plano y venga mamporro y folleteo, que no estamos para que nos mareen la cabeza.
Otro error, este menor, es que para haber tanta pelea las coreografías pecan a veces de demasiado artificiales. Y si la serie es de hostia va y hostia viene, pues al final se acaba notando. Además, se pasan tanto rato en cada pelea que te puedes ir a echar una meada y cuando vuelves aún se están hostiando. Nunca pensé que iba a gritar a la tele: "Pero, hablad un poco, por favor. Comunicaos. La violencia no es la solución".
En general, es una serie muy entretenida sin más con algunas sorpresas agradables como el buen actor danés Ulrich Thomsen (de esos que saben actuar, que también va bien)
martes, 12 de enero de 2016
Traficante de drogas pero persona antes que nada
Mr. Nice (Bernard Rose, 2010)
No soy un moralinas, pero me tocan bastante los cojones esas películas hagiográficas que ensalzan a criminales como, en este caso, traficantes de droga. En este caso, se basa en un libro escrito por el propio camello, Howard Marks, así que tampoco era cuestión de hacer mucha autocrítica, ¿no? A pesar de condenar a su mujer y sus hijos a pasarlas moradas con sus juicios e idas y venidas a la cárcel; las redadas policiales y demás. Pero, bueno, oye, es que en el fondo era un buen tipo, un canalla simpático, un padre y esposo amantísimo que solo quería "alimentar a su familia".
Y ese es el tono de la película. Introducía toneladas de hachís desde Paquistán a Europa y Estados Unidos pero era un tipo enrollado que se pasa la película con pinta de fumeta de los que no ha roto nunca un plato. Y mientras tanto, los policías, o son tontos o malvados.
Por cierto, ¿puede ser aburrida una película que va sobre un traficante de drogas, a veces espía, con sus buenas dosis de sexo, el IRA, los servicios secretos británicos, vacaciones en España y no sé cuantas historias más? Este es un ejemplo de que sí. Porque se cuentan todas experiencias con la misma pasión del que explica que primero fue a la frutería y luego a la panadería, pasando por el estanco antes de ir al Ayuntamiento a pagar la matriculación del coche.
El actor galés Rhys Ifans se dedica a entornar los ojos en plan fumeta y a pasear su desgarbada figura durante todo el metraje del film sin saber si está haciendo una de sus comedias o a esto había que darle otro tono. 2 horas bastante aburridas.
No soy un moralinas, pero me tocan bastante los cojones esas películas hagiográficas que ensalzan a criminales como, en este caso, traficantes de droga. En este caso, se basa en un libro escrito por el propio camello, Howard Marks, así que tampoco era cuestión de hacer mucha autocrítica, ¿no? A pesar de condenar a su mujer y sus hijos a pasarlas moradas con sus juicios e idas y venidas a la cárcel; las redadas policiales y demás. Pero, bueno, oye, es que en el fondo era un buen tipo, un canalla simpático, un padre y esposo amantísimo que solo quería "alimentar a su familia".
Y ese es el tono de la película. Introducía toneladas de hachís desde Paquistán a Europa y Estados Unidos pero era un tipo enrollado que se pasa la película con pinta de fumeta de los que no ha roto nunca un plato. Y mientras tanto, los policías, o son tontos o malvados.
Por cierto, ¿puede ser aburrida una película que va sobre un traficante de drogas, a veces espía, con sus buenas dosis de sexo, el IRA, los servicios secretos británicos, vacaciones en España y no sé cuantas historias más? Este es un ejemplo de que sí. Porque se cuentan todas experiencias con la misma pasión del que explica que primero fue a la frutería y luego a la panadería, pasando por el estanco antes de ir al Ayuntamiento a pagar la matriculación del coche.
El actor galés Rhys Ifans se dedica a entornar los ojos en plan fumeta y a pasear su desgarbada figura durante todo el metraje del film sin saber si está haciendo una de sus comedias o a esto había que darle otro tono. 2 horas bastante aburridas.
Las trampas del Hamor
Pas Son Genre (Lucas Belvaux, 2014)
Hay películas que te hacen salir cabreado del cine. Por tramposas. Esta es una de ellas. La fui a ver en versión original así que no sé el nombre que tuvo en España si alguna vez la estrenaron en español. Sinopsis: un profesor de filosofía soltero convencido y que no cree en el amor establece una relación con una peluquera enamorada del amor.
El film empieza con la ruptura sentimental del profesor con su anterior pareja y su traslado a "provincias", algo traumático para un parisino de pro como él. Allí, se fijará en una peluquera soltera y con un hijo. Con estos mimbres podría uno esperarse una comedia dramática con los conflictos propios de dos personas en tan distinta situación social, económica, familiar, de preparación intelectual... Nada de eso pasa. Se establece una relación entre ellos con toda la normalidad del mundo y todos los posibles conflictos se van superando con un desarrollo plano, frío y descorazonador. Va desaprovechando una a una todas las oportunidades de ofrecer una reflexión "filosófica" y adentrarse en el mundo de las relaciones de personas de diferente condición. Hubiera sido una película ideal para valorar esa manida frase de "los opuestos se atraen".
Por supuesto, aquella que está en las nubes encajando a la fuerza a su nueva pareja en el esquema preconcebido que ella tiene (como intentar meter un triángulo en el hueco del círculo), es presentada como la buena de la película. Porque ama amar. Él, que en ningún momento esconde su forma de pensar y que es sincero y consecuente con ello, parece destinado a ostentar el papel de malo. Y eso que se va bajando los pantalones sin que eso surta efecto en su churri. No sabéis como me jode este tipo de planteamientos.
Un guión poco trabajado, situaciones pretendidamente tensas metidas con calzador y carentes de chispa y un final efectista que no viene a cuento son algunos de los elementos que acaban provocando el cabreo del espectador. Al menos, el mío. Podría ser una bonita película sobre el Hamor (que es el amor real, el imperfecto) y se queda en un bodrio. Al menos, pude practicar francés escuchado. Si no, hubieran sido dos horas de mi vida injustamente perdidas.
Hay películas que te hacen salir cabreado del cine. Por tramposas. Esta es una de ellas. La fui a ver en versión original así que no sé el nombre que tuvo en España si alguna vez la estrenaron en español. Sinopsis: un profesor de filosofía soltero convencido y que no cree en el amor establece una relación con una peluquera enamorada del amor.
El film empieza con la ruptura sentimental del profesor con su anterior pareja y su traslado a "provincias", algo traumático para un parisino de pro como él. Allí, se fijará en una peluquera soltera y con un hijo. Con estos mimbres podría uno esperarse una comedia dramática con los conflictos propios de dos personas en tan distinta situación social, económica, familiar, de preparación intelectual... Nada de eso pasa. Se establece una relación entre ellos con toda la normalidad del mundo y todos los posibles conflictos se van superando con un desarrollo plano, frío y descorazonador. Va desaprovechando una a una todas las oportunidades de ofrecer una reflexión "filosófica" y adentrarse en el mundo de las relaciones de personas de diferente condición. Hubiera sido una película ideal para valorar esa manida frase de "los opuestos se atraen".
Por supuesto, aquella que está en las nubes encajando a la fuerza a su nueva pareja en el esquema preconcebido que ella tiene (como intentar meter un triángulo en el hueco del círculo), es presentada como la buena de la película. Porque ama amar. Él, que en ningún momento esconde su forma de pensar y que es sincero y consecuente con ello, parece destinado a ostentar el papel de malo. Y eso que se va bajando los pantalones sin que eso surta efecto en su churri. No sabéis como me jode este tipo de planteamientos.
Un guión poco trabajado, situaciones pretendidamente tensas metidas con calzador y carentes de chispa y un final efectista que no viene a cuento son algunos de los elementos que acaban provocando el cabreo del espectador. Al menos, el mío. Podría ser una bonita película sobre el Hamor (que es el amor real, el imperfecto) y se queda en un bodrio. Al menos, pude practicar francés escuchado. Si no, hubieran sido dos horas de mi vida injustamente perdidas.
La Cara Sucia de la Ley
Public Morals (Temporada 1)
Edward Burns es un actor neoyorquino de esos que se nota que aman su ciudad, a lo Woody Allen. Gran parte de su obra está centrada en Nueva York. Iba para Brad Pitt pero se quedó por el camino y quizá, intuyéndolo, comenzó a escribir y dirigir sus propias películas. ¿Qué mejor forma de asegurarte el papel protagonista? Así que ha ido alternando papeles más o menos grandes en películas de gran presupuesto con incursiones independientes en las que ha gozado de mayor margen de maniobra.
Ahora se mete en el mundo de las series de la mano de Steven Spielberg. No está mal el padrino. Se ve que esto viene de cuando Burns protagonizó uno de los personajes de Salvar al Soldado Ryan. La acción de Public Morals se centra en el barrio de Hell's Kitchen en los años 60. Se trata de un barrio con fuerte presencia irlandesa y gran parte de los personajes tienen esas raíces tanto a un lado como a otro de la ley.
Public Morals se centra en la corrupción socialmente aceptada y practicada por aquellos policías que, precisamente, deben velar por la moral de los demás respecto a temas como alcohol, juego, prostitución, homosexualidad...
Yo me he visto la primera temporada en TNT, que consta de 10 episodios. Tengo que decir que no es la serie de mi vida y no cuenta nada que no se haya visto antes en películas y series. Pero es muy entretenida, sus actores están espectaculares, la ambientación te hace viajar en el tiempo de forma muy convincente (incluida la impresionante banda sonora que incluye...¡el Black is Black de los españoles Los Bravos!) y la trama está bien urdida. El único problema es la excesiva condescendencia con la que se trata a unos protagonistas que, en el caso de los policías, no dejan de ser ciudadanos corruptos.
Una serie "negra" que te deja con ganas de ver la segunda temporada.
Edward Burns es un actor neoyorquino de esos que se nota que aman su ciudad, a lo Woody Allen. Gran parte de su obra está centrada en Nueva York. Iba para Brad Pitt pero se quedó por el camino y quizá, intuyéndolo, comenzó a escribir y dirigir sus propias películas. ¿Qué mejor forma de asegurarte el papel protagonista? Así que ha ido alternando papeles más o menos grandes en películas de gran presupuesto con incursiones independientes en las que ha gozado de mayor margen de maniobra.
Ahora se mete en el mundo de las series de la mano de Steven Spielberg. No está mal el padrino. Se ve que esto viene de cuando Burns protagonizó uno de los personajes de Salvar al Soldado Ryan. La acción de Public Morals se centra en el barrio de Hell's Kitchen en los años 60. Se trata de un barrio con fuerte presencia irlandesa y gran parte de los personajes tienen esas raíces tanto a un lado como a otro de la ley.
Public Morals se centra en la corrupción socialmente aceptada y practicada por aquellos policías que, precisamente, deben velar por la moral de los demás respecto a temas como alcohol, juego, prostitución, homosexualidad...
Yo me he visto la primera temporada en TNT, que consta de 10 episodios. Tengo que decir que no es la serie de mi vida y no cuenta nada que no se haya visto antes en películas y series. Pero es muy entretenida, sus actores están espectaculares, la ambientación te hace viajar en el tiempo de forma muy convincente (incluida la impresionante banda sonora que incluye...¡el Black is Black de los españoles Los Bravos!) y la trama está bien urdida. El único problema es la excesiva condescendencia con la que se trata a unos protagonistas que, en el caso de los policías, no dejan de ser ciudadanos corruptos.
Una serie "negra" que te deja con ganas de ver la segunda temporada.
martes, 23 de septiembre de 2014
Muérete 500 veces para salvar al mundo
The Edge of Tomorrow (Doug Liman, 2014)
Tom Cruise era un tipo que me parecía bastante hostiable. Hablo de mi consideración de sus dotes de actor. No conozco a ese señor y me la pela si es cienciólogo. Así que no lo voy a juzgar fuera del celuloide. Pero con la honrosa excepción de Risky Business (un film que siempre me ha gustado) su producción cinematográfica me dejaba bastante indiferente... Hasta que llegó El Último Samurai, uno de esos clásicos privados que tengo (junto a El Guerrero Número 13 o la Princesa Prometida) que hace que la gente me frunza el ceño (claro, como no es Melancholia, de Van Trieeeeeeeeeeeeeeeeeerrrrs -hágase con voz de Joaquín Reyes-...)
A ver. Que está claro que sus dotes interpretativas son justicas, pero que ya no me parece tan pésimo como en sus tiempos ochenta-noventeros. Sin ser un fan, ahora ya puedo ver una película de este señor. Me vienen a la memoria las Mission Impossible (cualquiera de las cuatro se puede ver, aunque la 2 de John Woo con su pretendido estilo es bastante infumable -por eso descansa merecidamente en el limbo fílmico-), la adaptación de Spielberg de la Guerra de los Mundos; me gustó Oblivion...
Este Edge of Tomorrow la voy a incluir en la lista. Interesante película de acción (supongo que tiene que ver que el director, Doug Liman, haya rodado alguna de la saga Bourne y otras de tiros) No se hacen pesadas las casi dos horas que dura. Y eso que la película se basa en una premisa que podría ser bastante cansina (Cruise vive una y otra vez el mismo día en un mundo afectado por una invasión alienígena) La historia está bien hilvanada. Los alienígenas, pues bueno, que es que ya no saben qué hacer para que no se parezcan a los que hemos visto en cuarenta mil películas anteriores. Tienen algo que podría ser medio nuevo y tienen algo de los alienígenas malotes de siempre (conciencia única, dominar la tierra y blablabla)
Ayuda y mucho que la compañera de reparto sea la espectacular Emily Blunt. No lo digo por lo físico, aunque aquí se ha metido horazas de gimnasio sino porque igual hace una comedieta romántica de lánguida tontuna como aquí de soldada vengativa que es terminator y chaka chaka norris juntos. Y para que dé el pego en las dos hay que ser una actriz de mil pares de cojones.
El resto de actores no existen. Me son totalmente desconocidos y sus papeles no son secundarios, sino terciarios. Están por ahí Brendan Gleeson, que mola mil (haciendo de general) y Bill Paxton (un grande) que le toca de sargento chusquero. Pero sus presencias son anecdóticas.
Obviamente, efectos especiales de la hostia y el copón pero sin avasallar.
Aprobada
Tom Cruise era un tipo que me parecía bastante hostiable. Hablo de mi consideración de sus dotes de actor. No conozco a ese señor y me la pela si es cienciólogo. Así que no lo voy a juzgar fuera del celuloide. Pero con la honrosa excepción de Risky Business (un film que siempre me ha gustado) su producción cinematográfica me dejaba bastante indiferente... Hasta que llegó El Último Samurai, uno de esos clásicos privados que tengo (junto a El Guerrero Número 13 o la Princesa Prometida) que hace que la gente me frunza el ceño (claro, como no es Melancholia, de Van Trieeeeeeeeeeeeeeeeeerrrrs -hágase con voz de Joaquín Reyes-...)
A ver. Que está claro que sus dotes interpretativas son justicas, pero que ya no me parece tan pésimo como en sus tiempos ochenta-noventeros. Sin ser un fan, ahora ya puedo ver una película de este señor. Me vienen a la memoria las Mission Impossible (cualquiera de las cuatro se puede ver, aunque la 2 de John Woo con su pretendido estilo es bastante infumable -por eso descansa merecidamente en el limbo fílmico-), la adaptación de Spielberg de la Guerra de los Mundos; me gustó Oblivion...
Este Edge of Tomorrow la voy a incluir en la lista. Interesante película de acción (supongo que tiene que ver que el director, Doug Liman, haya rodado alguna de la saga Bourne y otras de tiros) No se hacen pesadas las casi dos horas que dura. Y eso que la película se basa en una premisa que podría ser bastante cansina (Cruise vive una y otra vez el mismo día en un mundo afectado por una invasión alienígena) La historia está bien hilvanada. Los alienígenas, pues bueno, que es que ya no saben qué hacer para que no se parezcan a los que hemos visto en cuarenta mil películas anteriores. Tienen algo que podría ser medio nuevo y tienen algo de los alienígenas malotes de siempre (conciencia única, dominar la tierra y blablabla)
Ayuda y mucho que la compañera de reparto sea la espectacular Emily Blunt. No lo digo por lo físico, aunque aquí se ha metido horazas de gimnasio sino porque igual hace una comedieta romántica de lánguida tontuna como aquí de soldada vengativa que es terminator y chaka chaka norris juntos. Y para que dé el pego en las dos hay que ser una actriz de mil pares de cojones.
El resto de actores no existen. Me son totalmente desconocidos y sus papeles no son secundarios, sino terciarios. Están por ahí Brendan Gleeson, que mola mil (haciendo de general) y Bill Paxton (un grande) que le toca de sargento chusquero. Pero sus presencias son anecdóticas.
Obviamente, efectos especiales de la hostia y el copón pero sin avasallar.
Aprobada
La fuerza de la gravedad
Perdonad la chanza barata, pero Gravity es una película de gran fuerza (por lo de la fuerza de la gravedad y eso. Explicado es peor) Horeta y media escasa (¡Hostias, película de Hollywood con estrellazas -Sandra Bullock y George Clooney- y no dura cuatro horas! Puntazo a su favor) y una historia simple pero muy entretenida (no aturullada como la gran mayoría de acción moderna, sino de las que te mantiene en tensión en todo momento) Es decir, puro pasar el rato pero de la mejor manera posible.
Es de agradecer en un panorama, especialmente el Hollywoodiense, en el que te machacan con cámaras manejadas por personas que parece que tienen el Parkinson con explosiones incesantes que ponen en peligro tus tímpanos. En cuanto a las interpretaciones, Sandra Bullock está muy bien (y está muy buena en esta película) pero George Clooney parece que está pasando el rato. Le da a su astronauta un toque de cowboy pasota que no me acaba de cuajar. En cuanto a la dirección, no se nota demasiado que la película es del mexicano Alfonso Cuarón. Podría haberla hecho cualquier artesano con menos nombre.
Obviamente, como en todo producto de entretenimiento, las situaciones se extreman demasiado y algunas secuencias de acción se pasan de frenada. Pero, siguiendo mi teoría (una película es buena si cuando acaba te da la sensación de haber aprovechado el tiempo invertido) se trata de un producto muy digno ante el que vale la pena sentarse en el sillón. Eso sí, sale perdiendo si tenemos en cuenta que le dieron ¡¡¡7 putos Óscar!!! Pero bueno, es el concepto que tienen los yanquis de las películas que merecen premios difiriendo bastante de la opinión que cunde en festivales europeos. Ahí tenemos la carretada de Óscar de Titanic, Braveheart, Forrest Gump y otras del estilo.
Pero que vamos que yo cuando veo la peli me la suda los premios que le han dado. A mi me gusta o no me gusta.
lunes, 23 de junio de 2014
El Magazine Perfecto
Como teleadicto, me he alegrado muchas veces de pillar las cadenas catalanas. Dejando aparte su papel como instrumento político (en el caso de las públicas) y centrándome en su aspecto de información y entretenimiento, encajan en general en mi concepción de lo que debe ser la televisión: producción propia, alejarse de telerrealidades y programas que hurgan en los más bajos instintos... 8tv era una televisión local de Barcelona que con el boom de la TDT se ha convertido en lo que puede denominarse como el canal privado más importante de Cataluña.
Es de medios modestos pero en su programación tiene un diamante que me parece, sin exagerar, el mejor magazine de tarde que existe en la televisión española (al menos de las cadenas a las que yo tengo acceso). De hecho, para mi es el modelo casi perfecto de programa de entretenimiento de tarde. Está encabezado por Alfonso Arús, quién me parece un profesional del copón y cuya larguísima trayectoria en televisión no vamos a descubrir a nadie. El programa que defiende desde doce temporadas se llama Arucitys y yo lo he descubierto en esta última.
Lo primero que mola es el buen rollo que desprende todo el equipo: los de delante y los de detrás de las cámaras. Hombres, mujeres, heteros, gays, jóvenes, menos jóvenes. Parece que han ensayado la fórmula en el laboratorio porque consiguen una combinación muy equilibrada.
Es una filosofía diametralmente opuesta al malrrollismo tipo Sálvame que potencia la rivalidad de los "colaboradores" para generar audiencia. Arucitys habla de todo: corazón, actualidad, televisión, deportes, sucesos, el tiempo... Así que lo puedes ver enterito o te miras el/los trozo/s que más te gusten. Cuando tienen que criticar, lo hacen con inteligencia, sin necesidad de faltar. Con ironía, un concepto que haría que los buitres de Sálvame fruncieran el ceño porque desconocen su significado.
Los de Arucitys ni son lameculos ni insultan, que son los dos polos que suelen verse en este tipo de programas. Son frescos y divertidos. Y sobre todo inteligentes, que ya vale de tanto ondas hertzianas de encefalograma plano.
Es de medios modestos pero en su programación tiene un diamante que me parece, sin exagerar, el mejor magazine de tarde que existe en la televisión española (al menos de las cadenas a las que yo tengo acceso). De hecho, para mi es el modelo casi perfecto de programa de entretenimiento de tarde. Está encabezado por Alfonso Arús, quién me parece un profesional del copón y cuya larguísima trayectoria en televisión no vamos a descubrir a nadie. El programa que defiende desde doce temporadas se llama Arucitys y yo lo he descubierto en esta última.
Lo primero que mola es el buen rollo que desprende todo el equipo: los de delante y los de detrás de las cámaras. Hombres, mujeres, heteros, gays, jóvenes, menos jóvenes. Parece que han ensayado la fórmula en el laboratorio porque consiguen una combinación muy equilibrada.
Es una filosofía diametralmente opuesta al malrrollismo tipo Sálvame que potencia la rivalidad de los "colaboradores" para generar audiencia. Arucitys habla de todo: corazón, actualidad, televisión, deportes, sucesos, el tiempo... Así que lo puedes ver enterito o te miras el/los trozo/s que más te gusten. Cuando tienen que criticar, lo hacen con inteligencia, sin necesidad de faltar. Con ironía, un concepto que haría que los buitres de Sálvame fruncieran el ceño porque desconocen su significado.
Los de Arucitys ni son lameculos ni insultan, que son los dos polos que suelen verse en este tipo de programas. Son frescos y divertidos. Y sobre todo inteligentes, que ya vale de tanto ondas hertzianas de encefalograma plano.
domingo, 1 de junio de 2014
Sexogenarios
Si viéramos a gente joven dándose el lote en la calle seguramente no nos extrañaríamos. Pero si esas dos personas fueran dos abuelos, fijo que pondríamos cara rara en plan: "pero, ¿estos que hacen?¿se les ha ido la pinza?" En esta sociedad de tabús, clichés y normas artificiales el sexo entre personas de la tercera edad es algo poco menos que no existe o no debería existir. Hay incluso expresiones acuñadas como "viejo verde" (aún no he visto yo que a nadie se le llame joven verde por pensar y practicar el sexo). Vaya gilipollez. Se puede disfrutar del cuerpo propio y del del otro a cualquier edad. Y esta película es una canto a esa libertad sexual.
Pues ese es el tema que trata "la Vida comienza Hoy", de la cineasta catalana Laura Mañá. Alrededor de varios personajes que acuden a una clase de sexo en un centro cívico se articula la película que hasta ahora se ha aproximado de una manera más honesta y natural a este tema de entre las que yo he visto. Ayuda, y mucho, la calidad del impresionante reparto, con actrices como Pilar Bardem (que borda el papel de abuela cascarrabias que se libera de su asfixiante vida anterior) o Rosa María Sardá (encarnando muy convincentemente a una sexóloga)
Mañá es muy valiente mostrando sin tapujos el sexo entre mayores enseñando piel con piel y besos de tornillo. No se recrea en ello pero tampoco esconde las escenas íntimas porque se nota que quiere reivindicar la naturalidad con que se debe afrontar este asunto. El abanico de situaciones va desde la masturbación, el flirteo, el sexo apasionado en pareja...
Pero el film va más allá del sexo y también aborda de manera muy naturalista otro tipo de relaciones que competen menos al cuerpo y más a la cabeza y el corazón. La película tiene un tono ligero (en el buen sentido de la palabra, nada de disquisiciones filosóficas) y transita magistralmente entre situaciones cómicas y otras que lo son menos, invitando a la reflexión.
Es una película que recomiendo encarecidamente y Laura Mañá, una directora con una mirada muy personal a la que hay que seguir la pista.
Pues ese es el tema que trata "la Vida comienza Hoy", de la cineasta catalana Laura Mañá. Alrededor de varios personajes que acuden a una clase de sexo en un centro cívico se articula la película que hasta ahora se ha aproximado de una manera más honesta y natural a este tema de entre las que yo he visto. Ayuda, y mucho, la calidad del impresionante reparto, con actrices como Pilar Bardem (que borda el papel de abuela cascarrabias que se libera de su asfixiante vida anterior) o Rosa María Sardá (encarnando muy convincentemente a una sexóloga)
Mañá es muy valiente mostrando sin tapujos el sexo entre mayores enseñando piel con piel y besos de tornillo. No se recrea en ello pero tampoco esconde las escenas íntimas porque se nota que quiere reivindicar la naturalidad con que se debe afrontar este asunto. El abanico de situaciones va desde la masturbación, el flirteo, el sexo apasionado en pareja...
Pero el film va más allá del sexo y también aborda de manera muy naturalista otro tipo de relaciones que competen menos al cuerpo y más a la cabeza y el corazón. La película tiene un tono ligero (en el buen sentido de la palabra, nada de disquisiciones filosóficas) y transita magistralmente entre situaciones cómicas y otras que lo son menos, invitando a la reflexión.
Es una película que recomiendo encarecidamente y Laura Mañá, una directora con una mirada muy personal a la que hay que seguir la pista.
miércoles, 21 de mayo de 2014
Cambia tu destino en ocho minutos
Source Code (Duncan Jones, 2011)
Un oficial del Ejército Norteamericano está obligado a vivir los mismos ocho minutos una y otra vez. Lo hace por una buena causa ya que se trata de evitar un gran atentado en una ciudad de Estados Unidos. Y hasta aquí puedo contar.
Esa es la premisa del segundo film de Duncan Jones, director de Moon e (anecdótico) hijo del músico David Bowie. La película pertenece al estilo "alternativo" al que yo puedo aspirar sin que se me fundan las neuronas: no es demasiado rara, es lo suficientemente comercial, es entretenida pero también te plantea algunas cuestiones filosóficas... El medio camino en el que parece encontrarse mis preferencias.
No solo se trata de una película fantástica que te mantiene en tensión hasta saber si se va a poder evitar el atentado o no (aunque funciona perfectamente en este sentido como film de suspense) sino que también plantea dilemas morales que cuestionan el sistema que se ha inventado para "viajar en el tiempo" y cómo afecta al soldado que está siendo utilizado como conejillo de indias.
Se las apaña también para encajar una historia de amor y, al contrario de lo que ocurre en otras películas, no se forma un batiburrillo sino que todas las piezas encajan (thriller, historia amorosa, dilemas morales...)
A pesar de repetirse esos ocho minutos varias veces, las aproximaciones desde distintos prismas y el avance de la historia evita que el argumento se nos haga pesado. Ayudan el buen trabajo de las actrices Vera Farmiga y Michelle Monaghan y el protagonista masculino, Jake Gyllenhaal. Este actor tiene un físico "raro" y no le acabo de pillar el punto pero sí es verdad que, por ejemplo, me encantó en el papel de ese pequeño clásico moderno del cine fantástico que es Donnie Darko (no confundir con la de mafiosos de Al Pacino y Johnny Deep: Donnie Brasco) Y también tiene apariciones destacadas en Zodiac y Jarhead. Pero cuando le ponen de héroe de acción no acaba de funcionar.
Así que se queréis pasar un rato entretenido y os apetece ver una película fantástica que huya de la efectoespecialitis tan dañina para el género, ésta es una buena opción.
Un oficial del Ejército Norteamericano está obligado a vivir los mismos ocho minutos una y otra vez. Lo hace por una buena causa ya que se trata de evitar un gran atentado en una ciudad de Estados Unidos. Y hasta aquí puedo contar.
Esa es la premisa del segundo film de Duncan Jones, director de Moon e (anecdótico) hijo del músico David Bowie. La película pertenece al estilo "alternativo" al que yo puedo aspirar sin que se me fundan las neuronas: no es demasiado rara, es lo suficientemente comercial, es entretenida pero también te plantea algunas cuestiones filosóficas... El medio camino en el que parece encontrarse mis preferencias.
No solo se trata de una película fantástica que te mantiene en tensión hasta saber si se va a poder evitar el atentado o no (aunque funciona perfectamente en este sentido como film de suspense) sino que también plantea dilemas morales que cuestionan el sistema que se ha inventado para "viajar en el tiempo" y cómo afecta al soldado que está siendo utilizado como conejillo de indias.
Se las apaña también para encajar una historia de amor y, al contrario de lo que ocurre en otras películas, no se forma un batiburrillo sino que todas las piezas encajan (thriller, historia amorosa, dilemas morales...)
A pesar de repetirse esos ocho minutos varias veces, las aproximaciones desde distintos prismas y el avance de la historia evita que el argumento se nos haga pesado. Ayudan el buen trabajo de las actrices Vera Farmiga y Michelle Monaghan y el protagonista masculino, Jake Gyllenhaal. Este actor tiene un físico "raro" y no le acabo de pillar el punto pero sí es verdad que, por ejemplo, me encantó en el papel de ese pequeño clásico moderno del cine fantástico que es Donnie Darko (no confundir con la de mafiosos de Al Pacino y Johnny Deep: Donnie Brasco) Y también tiene apariciones destacadas en Zodiac y Jarhead. Pero cuando le ponen de héroe de acción no acaba de funcionar.
Así que se queréis pasar un rato entretenido y os apetece ver una película fantástica que huya de la efectoespecialitis tan dañina para el género, ésta es una buena opción.
miércoles, 30 de abril de 2014
Yo no voy a llorar por el cierre de siete canales de TDT
La campaña que están haciendo tanto Mediaset como A3Media rajando del Gobierno porque les obliga a cerrar siete canales de TDT empieza a darme ya puto asco. Obviando el fondo de la cuestión (me la pela si las cierran con razón o no) tengo que decir que muchos, entre los que me incluyo, no echaremos de menos demasiado ninguno de estos canales.
Y lo digo incluso con un punto de rabia porque fui de los inocentotes que pensaron que con más canales habría más oferta televisiva a la que le exigía unos mínimos de calidad que no se han cumplido en absoluto. Como ávido consumidor de películas soy de los que me froté las manos cuando supe que iba a haber un canal cinematográfico: laSexta 3. Pero ese canal me ha ido decepcionando día a día, mes a mes, con su apuesta rácana por la repetición continua de películas, su exceso de basura fílmica de ínfima calidad y el olvido sistemático del cine español. La Sexta3 se estaba convirtiendo en un canal anticine.
También me ilusioné con la posibilidad de ver documentales. Me daba igual sobre qué: el Universo, las gacelas del Serengueti, la vida en el antiguo Imperio Romano... Una buena oportunidad para entretenerte un rato mientras aprendes cosas. En su lugar, nos han machacado con paletos de los pantanos que cazan cocodrilos, otros paletos que se recorren los trasteros del mundo y los compran a ciegas; más paletos que empeñan sus pertenencias a usureros y un largo etcétera de "realities". Así que cada vez que hablan de canal documental, me sangran los oídos.
Qué decir de una cadena musical que no pone música o esos recipientes que ya ni disponen de personalidad propia y que parecen ser temáticos de una sola serie, cuyos episodios se redifunden una y otra vez durante horas y horas. Sabes que en cualquier momento del día cuando en tu enésimo zapping pases por ese canal, esos personajes estarán allí diciéndote: "Déjanos saliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiir".
Más cantidad de algo no es mejor en sí mismo si no va acompañado en este caso de una calidad que ha brillado por su ausencia. Para mí, quedan aún muchos canales por cerrar.
Y lo digo incluso con un punto de rabia porque fui de los inocentotes que pensaron que con más canales habría más oferta televisiva a la que le exigía unos mínimos de calidad que no se han cumplido en absoluto. Como ávido consumidor de películas soy de los que me froté las manos cuando supe que iba a haber un canal cinematográfico: laSexta 3. Pero ese canal me ha ido decepcionando día a día, mes a mes, con su apuesta rácana por la repetición continua de películas, su exceso de basura fílmica de ínfima calidad y el olvido sistemático del cine español. La Sexta3 se estaba convirtiendo en un canal anticine.
También me ilusioné con la posibilidad de ver documentales. Me daba igual sobre qué: el Universo, las gacelas del Serengueti, la vida en el antiguo Imperio Romano... Una buena oportunidad para entretenerte un rato mientras aprendes cosas. En su lugar, nos han machacado con paletos de los pantanos que cazan cocodrilos, otros paletos que se recorren los trasteros del mundo y los compran a ciegas; más paletos que empeñan sus pertenencias a usureros y un largo etcétera de "realities". Así que cada vez que hablan de canal documental, me sangran los oídos.
Qué decir de una cadena musical que no pone música o esos recipientes que ya ni disponen de personalidad propia y que parecen ser temáticos de una sola serie, cuyos episodios se redifunden una y otra vez durante horas y horas. Sabes que en cualquier momento del día cuando en tu enésimo zapping pases por ese canal, esos personajes estarán allí diciéndote: "Déjanos saliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiir".
Más cantidad de algo no es mejor en sí mismo si no va acompañado en este caso de una calidad que ha brillado por su ausencia. Para mí, quedan aún muchos canales por cerrar.
Clooney, con crisis de mediana edad
The Descendants (Alexander Payne, 2011)
Me parece que The Descendants es de lo más alternativo que yo puedo ver, lo cuál no es mucho decir porque aunque la historia se centra en una familia desestructurada, (que al final tampoco lo es tanto), la estructura narrativa es muy clásica: inicio, nudo y desenlace; con una sobria puesta en escena. Pero no deja de ser irónico ver al picha brava de George Clooney encarnando a un amantísimo esposo ausente que se replantea su matrimonio mientras su mujer está en coma. Para más Inri, descubre que ésta le está poniendo los cuernos bien puestos.
Clooney no lo hace mal en el papel de maduro entre confundido y despistado. En el fondo es un bonachón y no sabe por qué las cosas se le han ido de las manos. Bueno, sí que lo sabe, porque ha estado currando cuando podría haber disfrutado de una suculenta herencia por esos rollos puritanos de "do it yourself" que evitan moralmente vivir de rentas. Un viaje físico para buscar al amante de su esposa se convierte también en un viaje sentimental que pretende acercarle más a unas hijas que son unas prácticas desconocidas: la mayor está en un internado por abuso de drogas; la pequeña es una abusona en el colegio.
Eso sí, no os asustéis es todo muy amable y muy civilizado. Hablan mucho y toman muchos cócteles porque están en Hawai donde, avisa Clooney, no están todo el día en la playa tumbados a la bartola como piensa toda la gente de Estados Unidos. Los ricos también lloran en este caso, parece ser la moraleja.
El director es Alexander Payne, que también hizo aquella de Entre Copas, en el que dos amigos se recorren los viñedos de California mientras hablan de la vida. El estilo es muy parecido en ambas. Tienen las mismas virtudes y los mismos defectos pero, en definitiva, se pueden ver y provocan alguna sonrisa.
Me parece que The Descendants es de lo más alternativo que yo puedo ver, lo cuál no es mucho decir porque aunque la historia se centra en una familia desestructurada, (que al final tampoco lo es tanto), la estructura narrativa es muy clásica: inicio, nudo y desenlace; con una sobria puesta en escena. Pero no deja de ser irónico ver al picha brava de George Clooney encarnando a un amantísimo esposo ausente que se replantea su matrimonio mientras su mujer está en coma. Para más Inri, descubre que ésta le está poniendo los cuernos bien puestos.
Clooney no lo hace mal en el papel de maduro entre confundido y despistado. En el fondo es un bonachón y no sabe por qué las cosas se le han ido de las manos. Bueno, sí que lo sabe, porque ha estado currando cuando podría haber disfrutado de una suculenta herencia por esos rollos puritanos de "do it yourself" que evitan moralmente vivir de rentas. Un viaje físico para buscar al amante de su esposa se convierte también en un viaje sentimental que pretende acercarle más a unas hijas que son unas prácticas desconocidas: la mayor está en un internado por abuso de drogas; la pequeña es una abusona en el colegio.
Eso sí, no os asustéis es todo muy amable y muy civilizado. Hablan mucho y toman muchos cócteles porque están en Hawai donde, avisa Clooney, no están todo el día en la playa tumbados a la bartola como piensa toda la gente de Estados Unidos. Los ricos también lloran en este caso, parece ser la moraleja.
El director es Alexander Payne, que también hizo aquella de Entre Copas, en el que dos amigos se recorren los viñedos de California mientras hablan de la vida. El estilo es muy parecido en ambas. Tienen las mismas virtudes y los mismos defectos pero, en definitiva, se pueden ver y provocan alguna sonrisa.
lunes, 28 de abril de 2014
Minicríticas
Mi ritmo de ver películas supera con creces mis ganas de hacer críticas largas así que me voy a despachar en formato corto las últimas que he visto.
The Red Hornet (Michel Gondry, 2011)
¿Qué hace el guayotas del Gondry (Olvídate de Mi, Rebobine por favor...) dirigiendo una de superhéroes? Pues, en mi opinión, hacer una película que no gusta a los fans de este género ni tampoco a los fans de Gondry. No se ve apenas nada del estilo onírico del director francés en esta película que pretende ser una parodia de superhéroes pero que se queda en un tostonazo. Para los que odian al cómico Seth Rogen (a mi no me cae mal) ya será el colmo de las desgracias porque es el protagonista.
Dr Gus y Mr.Van Sant
The Promise Land (Gus Van Sant, 2012) parece un encargo alimenticio para el director que fue el adalid del cine alternativo a primeros de los 90. Es una película a lo Erin Brokovich, de Soderbergh, no en el sentido de caso real sino como típica película-denuncia a lo Hollywood (con dineros y actores buenos, me refiero) El representante de una gran compañía de gas natural (Matt Dammon) llega a un pequeño pueblo prometiendo prosperidad y dinero a espuertas. Ahí sufre una crisis moral. No está mal cómo se tratan los distintos puntos de vista, tanto de los currantes de la compañía de gas como de los vecinos del pueblo (a unos se les hacen los ojos chiribitas con la pasta y otros no se fían miaja) Está entretenida pero, sobre todo, la salvan actorazos como Frances McDormand y un veteranísimo Hal Hoolbrok. De paso, raja un poco del fracking (sacar gas a base de cascar agua a presión bajo tierra, contaminando los acuíferos) y las artimañas de las multinacionales.
Paranoid Park (Gus Van Sant, 2007)
Ésta es de las que hace Van Sant cuando se pone indie. Actores desconocidos (yo diría que no profesionales), jóvenes de mirada perdida y hormonas revueltas como protagonistas (algo muy habitual en Van Sant), bastante cámara subjetiva, saltando un poco (tampoco nos pasemos de radicales) el orden cronológico de la historia... No está mal pero tampoco es nada del otro mundo. Skaters y la extraña muerte de un vigilante del tren.
The Secret Life of Walter Mitty (Ben Stiller, 2013)
Por una vez, Ben Stiller aparca las muecas y las comedias para subnormales (lo cuál es un alivio) y trata de que le tomen en serio. Le sale, pero a medias. Tampoco es culpa suya el daño que hacen las promociones cinematográficas y que la vendieron como el nuevo "Forrest Gump" (película descaradamente sobrevalorada, por cierto) Flaco favor le hace la comparación porque al que le gustó la de Zemeckis verá que está no tiene nada que ver y al que no le gustó, la mirará con reparo. Stiller es un oficinista gris. Era un zagal dinámico, creativo y prometedor pero trágicas circunstancias truncaron lo que pudo haber sido. Un acontecimiento fortuito hace que tome las riendas de su vida. Salí así una película de cierto "realismo mágico" (con todo el respeto) porque es bastante inverosímil que alguien cambie radicalmente su vida con un chasquido de dedos. A su favor, que Stiller está contenido por una vez; una fotografía muy chula y un secundario, Adam Scott, que lo clava en su papel de hijolagranputa. Sean Penn pasaba por allí.
Retreat (Carl Tibetts, 2011)
Una pareja encarnada por Cillian Murphy y Thandie Newton intentan recomponer su matrimonio es una pequeña isla inglesa en la que solo está la cabaña en la que ellos se alojan. Un día llega un extraño con ropaje militar (Jamie Bell) quien les dice que una virus se ha desatado y que hay que convertir el "cottage" en un búnker. La película es intensa, entretenida y nos mantiene durante gran parte del metraje con la duda de si el forastero dice la verdad o está alucinando pepinillos. La recomiendo si os mola pasar un rato de suspense.
This is the End (Seth Rogen y Evan Goldberg, 2013)
Un ejemplo muy claro de mi masoquismo fílmico. La prueba de por qué me considero cinéfago y no un cinéfilo es que me trago putas mierdas como ésta antes que bajarme una película cultureta. Sabía que esta película iba a ser basura y como me suele pasar cuando tengo ese feeling, acerté. Ya he dicho antes que el comediante Seth Rogen me cae bien (será porque no es el típico guaperas, está fondón y va de graciosete ¿a qué me sonará eso?) pero se ha convertido en uno de los niños mimados de Hollywood y la industria le da millones para que haga realidad cualquier mongolada que se le ocurra. Y este engendro es el vivo ejemplo. Un grupo de actores que están tomando el relevo generacional en la Meca del Cine se autoparodian (utilizando sus propios nombres) para dar vida a una megaparty que se va a cascala por...¡¡¡el Fin del Mundo!!! Cágate, lorito. La verdad es que es bastante aburrida y carente de imaginación. Más bien parece una apuesta entre esos mismos actores en una fiesta en el mundo real. ¿Qué os apostáis a que si propongo esta estupidez a los estudios me la van a dejar filmar? debió de pensar Rogen. Y dicho y hecho.
The Red Hornet (Michel Gondry, 2011)
¿Qué hace el guayotas del Gondry (Olvídate de Mi, Rebobine por favor...) dirigiendo una de superhéroes? Pues, en mi opinión, hacer una película que no gusta a los fans de este género ni tampoco a los fans de Gondry. No se ve apenas nada del estilo onírico del director francés en esta película que pretende ser una parodia de superhéroes pero que se queda en un tostonazo. Para los que odian al cómico Seth Rogen (a mi no me cae mal) ya será el colmo de las desgracias porque es el protagonista.
Dr Gus y Mr.Van Sant
The Promise Land (Gus Van Sant, 2012) parece un encargo alimenticio para el director que fue el adalid del cine alternativo a primeros de los 90. Es una película a lo Erin Brokovich, de Soderbergh, no en el sentido de caso real sino como típica película-denuncia a lo Hollywood (con dineros y actores buenos, me refiero) El representante de una gran compañía de gas natural (Matt Dammon) llega a un pequeño pueblo prometiendo prosperidad y dinero a espuertas. Ahí sufre una crisis moral. No está mal cómo se tratan los distintos puntos de vista, tanto de los currantes de la compañía de gas como de los vecinos del pueblo (a unos se les hacen los ojos chiribitas con la pasta y otros no se fían miaja) Está entretenida pero, sobre todo, la salvan actorazos como Frances McDormand y un veteranísimo Hal Hoolbrok. De paso, raja un poco del fracking (sacar gas a base de cascar agua a presión bajo tierra, contaminando los acuíferos) y las artimañas de las multinacionales.
Paranoid Park (Gus Van Sant, 2007)
Ésta es de las que hace Van Sant cuando se pone indie. Actores desconocidos (yo diría que no profesionales), jóvenes de mirada perdida y hormonas revueltas como protagonistas (algo muy habitual en Van Sant), bastante cámara subjetiva, saltando un poco (tampoco nos pasemos de radicales) el orden cronológico de la historia... No está mal pero tampoco es nada del otro mundo. Skaters y la extraña muerte de un vigilante del tren.
The Secret Life of Walter Mitty (Ben Stiller, 2013)
Por una vez, Ben Stiller aparca las muecas y las comedias para subnormales (lo cuál es un alivio) y trata de que le tomen en serio. Le sale, pero a medias. Tampoco es culpa suya el daño que hacen las promociones cinematográficas y que la vendieron como el nuevo "Forrest Gump" (película descaradamente sobrevalorada, por cierto) Flaco favor le hace la comparación porque al que le gustó la de Zemeckis verá que está no tiene nada que ver y al que no le gustó, la mirará con reparo. Stiller es un oficinista gris. Era un zagal dinámico, creativo y prometedor pero trágicas circunstancias truncaron lo que pudo haber sido. Un acontecimiento fortuito hace que tome las riendas de su vida. Salí así una película de cierto "realismo mágico" (con todo el respeto) porque es bastante inverosímil que alguien cambie radicalmente su vida con un chasquido de dedos. A su favor, que Stiller está contenido por una vez; una fotografía muy chula y un secundario, Adam Scott, que lo clava en su papel de hijolagranputa. Sean Penn pasaba por allí.
Retreat (Carl Tibetts, 2011)
Una pareja encarnada por Cillian Murphy y Thandie Newton intentan recomponer su matrimonio es una pequeña isla inglesa en la que solo está la cabaña en la que ellos se alojan. Un día llega un extraño con ropaje militar (Jamie Bell) quien les dice que una virus se ha desatado y que hay que convertir el "cottage" en un búnker. La película es intensa, entretenida y nos mantiene durante gran parte del metraje con la duda de si el forastero dice la verdad o está alucinando pepinillos. La recomiendo si os mola pasar un rato de suspense.
This is the End (Seth Rogen y Evan Goldberg, 2013)
Un ejemplo muy claro de mi masoquismo fílmico. La prueba de por qué me considero cinéfago y no un cinéfilo es que me trago putas mierdas como ésta antes que bajarme una película cultureta. Sabía que esta película iba a ser basura y como me suele pasar cuando tengo ese feeling, acerté. Ya he dicho antes que el comediante Seth Rogen me cae bien (será porque no es el típico guaperas, está fondón y va de graciosete ¿a qué me sonará eso?) pero se ha convertido en uno de los niños mimados de Hollywood y la industria le da millones para que haga realidad cualquier mongolada que se le ocurra. Y este engendro es el vivo ejemplo. Un grupo de actores que están tomando el relevo generacional en la Meca del Cine se autoparodian (utilizando sus propios nombres) para dar vida a una megaparty que se va a cascala por...¡¡¡el Fin del Mundo!!! Cágate, lorito. La verdad es que es bastante aburrida y carente de imaginación. Más bien parece una apuesta entre esos mismos actores en una fiesta en el mundo real. ¿Qué os apostáis a que si propongo esta estupidez a los estudios me la van a dejar filmar? debió de pensar Rogen. Y dicho y hecho.
jueves, 3 de abril de 2014
Esta Casa (Blanca) es una ruina
Olympus has fallen (Antoine Fuqua, 2013) vs White House Down (Roland Emmerich, 2013)
Siempre me ha hecho gracia esto de que salgan a la vez dos películas clavadas. Supongo que serán rollos de puteos entre estudios de cine. Flaco favor para el espectador porque excepto en el honroso caso de Las Amistades Peligrosas (Stephen Frears) y Valmont (Milos Forman), directamente se podrían ahorrar el hacer no solo dos películas sino ni siquiera una. Para muestra, un botón: Armaggedon/Deep Impact.
Pues lo mismo pasa en esta ocasión. A dos lumbreras sobrados de creatividad se les ha ocurrido hacer en el mismo año dos películas sobre asaltos a la Casa Blanca. Y las dos son basura, aunque si White House Down es una mierda, hay que decir que Olympus has fallen es una PUTA mierda.
Y la lógica dicta que no debería ser así, a priori. Olympus... está dirigida por Antoine Fuqua, que no es Scorsese precisamente, pero desde que dirigió Trainning Day parece que se le había sacado del apartado "artesanos de la acción al servicio del actor repartehostias de turno". Esta película demuestra que lo deben devolver urgentemente a ese cajón. También tenemos a dos actores solventes que han sabido demostrar su versatilidad...en otros trabajos: Gerard Butler y Aaron Eckhart. Poco pueden hacer con los papeles de cartón-piedra que les han tocado.
Dejando a un lado la curiosidad de que el papel principal de héroe americano que se carga el solito a todos los malos que ni el Ejército ni la policía pueden cargarse, lo interpreta un actor escocés (será que no hay actores yanquis), la película es infumable, lenta y aburrida. Los malos malísimos son unos terroristas norcoreanos que, con dos cojones, logran ocupar la Casa Blanca y retener a toda la Cúpula del Gobierno de los Estados Unidos: presi, vicepresi, Secretaria de Estado, Jefe del Ejército y hasta un bedel que pasaba por ahí... Vamos, un pleno al quince. A pesar de la improbabilidad de que algo tan brutalmente inverosímil suceda, no hay ni pizca de sentido del humor en este film, que se toma patéticamente en serio. Añadimos los efectos especiales de Play Station 1 y ya tenemos la puta mierda servida.
Claro, con estos mimbres, no me extraña que me caiga simpática White House Down, de Roland Emmerich, que me parece una mierda, a secas. El director alemán es como ir a un McDonald's: te puede gustar o no, pero ya sabes lo que te espera. No te engaña. Sabes que toca un mainstream recaudador de perras de encefalograma plano: cámara mareante, música estridente, cámaras lentas, chistes malos, niños repelentes... Pero, precisamente por eso, sale ganando en este particular duelo
Emmerich no se toma en serio y no se nos toma en serio. Yo creo que se lo pasa de puta madre haciendo la misma película una y otra vez, vaya de Cataclismos, invasiones alienígenas o los pobladores de la tierra de hace 10.000 años. Y eso se nota. Nos da una palmadita en el hombro y con mirada cómplice nos dice: hey, que estamos pasando el rato, ¡¡coge otro puñado de palomitas!! Es un tipo entusiasta que ya en Alemania hacía película pseudo-yanquis. Transmite buen rollo porque cada película confirma que él ha cumplido su sueño. Está en Hollywood, coño.
Se permite algunas licencias que hacen que la película sea menos indigesta y que solo su condición de extranjero justifican. Me pone a Jamie Foxx de presidente negro (guiño a Obama, supongo) y lo convierte en un tipo llano y simpático. Al presi de la otra película (rubio de mandíbula cuadrada) le había pasado una desgracia 18 meses antes del ataque. Aún no se ha recuperado y va y que le invaden la casa unos ocupas con mala hostia. Así que está todo el rato entre circunspecto, estupefacto y reconcentrado (toma despliegue, he estado mirando el Diccionario RAE). Así que llega un momento en que hasta nos apetece que le peguen un tiro.
El héroe en este caso es Channing Tatum (nombre muy USA por cierto, a lo Chip o Skip), un tipo agorilao mil veces peor actor que Butler, pero que está de moda ahora. Como suele pasar en este tipo de productos, el talento del protagonista es mil veces inversamente proporcional al del actor que encarna al malo. Y ¿quién tenemos de cabroncete? (tachaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan) a ¡¡¡James Woods!!!, el puto amo. Eso sí, también es, junto a De Niro, uno de los actores que más se imitan a sí mismos. Tanto que parece que solo tienen un personaje en registro con las mismas muecas y gestos. Y está al mando de... un grupo paramilitar de blancos estadounidenses cabreados porque creen que su presidente es un blando. ¡¡¡Ahí tus cojones, Emmerich!!! A eso no se atreve cualquiera. Vamos, mil veces más creíble que lo de los norcoreanos.
Así que, con estos mimbres, resulta que Emmerich ha hecho la película que supuestamente debería haber hecho Fuqua y viceversa. Cágate.
Aún así, con perder yo el tiempo creo que ha sido suficiente. Os recomiendo que no os destrocéis las neuronas con estos engendros que no sirven ni para pasar el rato. Yo es que soy así de masoca.
Siempre me ha hecho gracia esto de que salgan a la vez dos películas clavadas. Supongo que serán rollos de puteos entre estudios de cine. Flaco favor para el espectador porque excepto en el honroso caso de Las Amistades Peligrosas (Stephen Frears) y Valmont (Milos Forman), directamente se podrían ahorrar el hacer no solo dos películas sino ni siquiera una. Para muestra, un botón: Armaggedon/Deep Impact.
Pues lo mismo pasa en esta ocasión. A dos lumbreras sobrados de creatividad se les ha ocurrido hacer en el mismo año dos películas sobre asaltos a la Casa Blanca. Y las dos son basura, aunque si White House Down es una mierda, hay que decir que Olympus has fallen es una PUTA mierda.
Y la lógica dicta que no debería ser así, a priori. Olympus... está dirigida por Antoine Fuqua, que no es Scorsese precisamente, pero desde que dirigió Trainning Day parece que se le había sacado del apartado "artesanos de la acción al servicio del actor repartehostias de turno". Esta película demuestra que lo deben devolver urgentemente a ese cajón. También tenemos a dos actores solventes que han sabido demostrar su versatilidad...en otros trabajos: Gerard Butler y Aaron Eckhart. Poco pueden hacer con los papeles de cartón-piedra que les han tocado.
Dejando a un lado la curiosidad de que el papel principal de héroe americano que se carga el solito a todos los malos que ni el Ejército ni la policía pueden cargarse, lo interpreta un actor escocés (será que no hay actores yanquis), la película es infumable, lenta y aburrida. Los malos malísimos son unos terroristas norcoreanos que, con dos cojones, logran ocupar la Casa Blanca y retener a toda la Cúpula del Gobierno de los Estados Unidos: presi, vicepresi, Secretaria de Estado, Jefe del Ejército y hasta un bedel que pasaba por ahí... Vamos, un pleno al quince. A pesar de la improbabilidad de que algo tan brutalmente inverosímil suceda, no hay ni pizca de sentido del humor en este film, que se toma patéticamente en serio. Añadimos los efectos especiales de Play Station 1 y ya tenemos la puta mierda servida.
Claro, con estos mimbres, no me extraña que me caiga simpática White House Down, de Roland Emmerich, que me parece una mierda, a secas. El director alemán es como ir a un McDonald's: te puede gustar o no, pero ya sabes lo que te espera. No te engaña. Sabes que toca un mainstream recaudador de perras de encefalograma plano: cámara mareante, música estridente, cámaras lentas, chistes malos, niños repelentes... Pero, precisamente por eso, sale ganando en este particular duelo
Emmerich no se toma en serio y no se nos toma en serio. Yo creo que se lo pasa de puta madre haciendo la misma película una y otra vez, vaya de Cataclismos, invasiones alienígenas o los pobladores de la tierra de hace 10.000 años. Y eso se nota. Nos da una palmadita en el hombro y con mirada cómplice nos dice: hey, que estamos pasando el rato, ¡¡coge otro puñado de palomitas!! Es un tipo entusiasta que ya en Alemania hacía película pseudo-yanquis. Transmite buen rollo porque cada película confirma que él ha cumplido su sueño. Está en Hollywood, coño.
Se permite algunas licencias que hacen que la película sea menos indigesta y que solo su condición de extranjero justifican. Me pone a Jamie Foxx de presidente negro (guiño a Obama, supongo) y lo convierte en un tipo llano y simpático. Al presi de la otra película (rubio de mandíbula cuadrada) le había pasado una desgracia 18 meses antes del ataque. Aún no se ha recuperado y va y que le invaden la casa unos ocupas con mala hostia. Así que está todo el rato entre circunspecto, estupefacto y reconcentrado (toma despliegue, he estado mirando el Diccionario RAE). Así que llega un momento en que hasta nos apetece que le peguen un tiro.
El héroe en este caso es Channing Tatum (nombre muy USA por cierto, a lo Chip o Skip), un tipo agorilao mil veces peor actor que Butler, pero que está de moda ahora. Como suele pasar en este tipo de productos, el talento del protagonista es mil veces inversamente proporcional al del actor que encarna al malo. Y ¿quién tenemos de cabroncete? (tachaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan) a ¡¡¡James Woods!!!, el puto amo. Eso sí, también es, junto a De Niro, uno de los actores que más se imitan a sí mismos. Tanto que parece que solo tienen un personaje en registro con las mismas muecas y gestos. Y está al mando de... un grupo paramilitar de blancos estadounidenses cabreados porque creen que su presidente es un blando. ¡¡¡Ahí tus cojones, Emmerich!!! A eso no se atreve cualquiera. Vamos, mil veces más creíble que lo de los norcoreanos.
Así que, con estos mimbres, resulta que Emmerich ha hecho la película que supuestamente debería haber hecho Fuqua y viceversa. Cágate.
Aún así, con perder yo el tiempo creo que ha sido suficiente. Os recomiendo que no os destrocéis las neuronas con estos engendros que no sirven ni para pasar el rato. Yo es que soy así de masoca.
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