martes, 15 de octubre de 2013

Savages: Emporrados a tres bandas

Savage (Oliver Stone, 2012) es la última película hasta ahora del famoso director norteamericano. Y comparte una cosa con las demás películas que he visto de él: es demasiado larga. Y recalco, demasiado. ¿Cuál es el problema fundamental de una película demasiado larga? Pues que el ritmo es irregular y se puede caer en el aburrimiento. Mala señal si me pongo a jugar al Apalabrados mientras estoy viendo una peli.

No soy especialmente fan de Oliver Stone. Algunas películas suyas están bien, especialmente esos thrillers políticos que tanto le gustan. Será porque parece que le gustan ese tipo de películas que cuando hace otras a veces se nota demasiado que son de encargo. O es la sensación que da. El problema cuando le das una película alimenticia a un director de larga carrera es que querrá dejar su sello. Y eso no tiene porque ser bueno.

Tenemos un triángulo amoroso entre dos amigos de toda la vida que trafican con marihuana y la típica rubia playera. A estos surferos les llega la proposición de un cartel mexicano para colaborar en los negocios. Ellos se niegan y secuestran a la chica. Sobre esa premisa podría haberse montado una película de acción de pim-pam-pum en horeta y media y sanseacabó. Encefalograma plano y un ratico entretenido. El problema es que Stone estira como el chicle esta historia que en manos de otro se quedaría en un cortometraje, se empeña en hacer hablar a unos personajes que son estereotipos, así que la cosa no encaja.

File:Savages poster.jpg

Uno de los jóvenes traficantes es un idealista que reinvierte dinero de sus negocios en ayuda humanitaria en países del tercer mundo (emmmmm si, claro, lo habitual). El otro es un veterano de Vietnam y Afganistán. Por lo tanto, uno es el cerebro y otro los músculos. Y la rubia se los trinca a los dos porque cada uno le aporta algo distinto al otro. 

Si se aguanta la película es por los actores. Tener a Benicio del Toro, cada vez más atocinado (¡¡¡cómo le encantan estos personajes de guarro!!!) es un lujo; así como a una ya veterana Salma Hayek a la que vemos muy poquito en el cine. John Travolta hace un personaje poco agradecido como agente corrupto de la DEA al que le saca bastante partido. El tío está valiente y sale hasta calvo (sin los putos peluquines chungos que lleva desde hace años) El trío protagonista es solvente: Taylor Kitsch (el duro), Aaron Johson (el idealista) y Blake Lively (la surfera)

Como suele ser habitual en las películas de Oliver Stone, la banda sonora está muy cuidada con interesantes versiones de clásicos como Here Comes the Sun, a cargo de Yuna y Psycho Killer, por Bruce Lash.

Si no fuera tan larga serviría para pasar el rato.

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